EL MOTOR DEL MERCADO

PicsArt_1365340654606Hoy os traigo una cita con algo que sólo se produce una vez cada 30 días aproximadamente. El primer fin de semana de los 12  meses del calendrio. Y no me estoy refiriendo al momento mágico e insustituible de poder ver bajo las estrellas una espectacular luna llena. Aunque, eso sí: tiene igualmente mucha luz, aporta cierta magia a quienes pueden apreciarlo y, encima, esconde tesoros que hay que buscar como si estuviéramos en una pequeña Gymkana.

Para dar respuesta al misterio tienes que dejarte llevar por un Bien de Interés Cultural,mercado de motores b que aún respira por cada uno de sus engranajes y que Antonio Palacios diseñó con un estilo Neomudéjar para alegría de quienes apreciamos el arte también a pie de calle. Casi medio siglo (1923-1972) se empleó como centro de generación de energía a la red de Metro de Madrid. Esta energía viajaba por tres motores Diesel de 1.500 caballos procedentes de Alemania, que a día de hoy lucen colosales en el centro de la sala, ejerciendo también de estructura a las diferentes áreas en que se divide el Mercado. Porque sí: hablamos de un Mercado de Motores, el primer flea market de Madrid.

¿Recuerdas cuando, de pequeño, todo lo nuevo te parecía algo imposible de imaginar? Te va a resultar difícil de entender… pero, conforme avanzas hacia el mercado, todo en ti se vuelve más infantil: te pones nervioso, tus ropas empiezan a quedarte más holgadas y escudriñas con la mirada buscando una pieza que te haga feliz.

El espíritu vintage espolvorea cada tramo de manera que puedes  no consumir, pero desde luego caes en la tentación de probar la manzana de un ambiente que invita a divertirse y socializarse, a conocer a gente nueva, a llevarte ideas en el bolsillo y a participar de algo que sabes que estás respirando pero que no se toca. Vamos, que te alimentas la vista, quizás el tercer pecado la capital, y, por qué no, también el alma…

PicsArt_1365339981396Hablando de alimentos: puedes “restaurarte” y poner a buen recaudo todos tus centímetros cúbicos gracias a tres zonas distintas donde la comida, artesanal y ecosostenible, te invitan a sentarte un rato… Y mientras saboreas estos manjares, puedes comentarle vía wassap a tus amigos que has visto aquel vinilo, los juguetes de tu infancia o la prenda que llevabas buscando mil años tan ricamente, porque hay WIFI y es por la patilla.

Anticuarios, decoración, sombreros de copa, mesas y sillas, cachibaches y “chismitos” (como decía mi abuelo José), flores, chucherías… y hasta caritas famosas pululan por allí.

Porque el motor del mercado es la chispa que enciende el ingenio…

Las próximas citas

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