La voz de los Sin Voz

ARUNDATHI 5Ella se llama Arundhati (Roy) y su cara es el fiel reflejo de las personas que han desarrollado una inmensa espiritualidad sin necesidad de evadirse de lo que nace y renace a su alrededor.

Vino al mundo en 1961 y se ha convertido en un emblema de la India moderna, al asumirse como mujer independiente y autónoma en un sistema de vida donde lo patriarcal es la ley de cada día. Es hija de una activista social cristiana y de un plantador bengalí de té. Hasta sus 16 años, vivió en el estado de Kerala y recuerda:

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“Gran parte de la atmósfera de mi libro surge de esa región donde las religiones coinciden. Es el único lugar del mundo donde hay al mismo tiempo cristianismo, hinduísmo, marxismo e Islam… y se entrecruzan diariamente. Pienso que el tipo de paisaje donde se crece, vive uno. No soy una persona que haya leído mucho. Pero cuando se vive una infancia capturando peces y quedándose quieto, el paisaje se mete en el alma. No se puede amar un edificio del modo que se ama a un árbol, a un río o al color de la tierra”.

A partir de sus 16 años, cambió de vida: vivió en comunidades “okupas” de Nueva Delhi y se mantenía recolectando botellas vacías. Desembocó en unos estudios que la hicieron adentrarse en el mundo de la arquitectura, se casó en 1984 con un realizador de cine (se divorció 4 años más tarde) y, poco a poco, al ir defendiendo esas pequeñas cosas de la vida, fue convirtiéndose en ecologista. Al igual que Gandhi, cree en la fuerza espiritual de la verdad y piensa que el mayor mal del presente es la ambigüedad moral ciudadana frente a la violencia. Es una activista contra la pobreza, por la paz y los derechos de las mujeres.

No se puede amar un edificio del modo que se ama a un árbol, a un río o al color de la tierra”.

Si tiene que buscar a algunos maestros en su escritura, acude a James Joyce y Nabokov que son sus favoritos. Y, curiosamente, cree en una religión bastante similar a esta que escribe: la suerte y la felicidad.

En 1997 se vio convertida en una figura internacional cuando su novela, “EL DIOS DE LAS PEQUEÑAS COSAS”,  consiguió el premio Booker de la industria editorial británica. Estuvo cerca de cinco años dándole forma a su novela. Y para ella ese Dios de las Pequeñas Cosas remite: “Al modo en que los niños ven las cosas; a la vida de los insectos, los peces o las estrellas. Consiste en no aceptar los límites establecidos por el mundo adulto”.

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NO DE JES PASAR…:

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