La necesidad de la noche…

No se me va a olvidar la fecha: estamos en un 7 de febrero de 2010. Mi amiga Meme asomaba con ese abrazo electrónico un día más en forma de mail para procurar seguir abriendo la persiana del oscuro cuarto en el que habitaba por aquel entonces.

Algunas perezas más tardes, me decidía a leer su mensaje. Y empezaba así:

“Me ha llegado hoy, con su pincelada de sabiduría. Tenedlo a mano y recordadlo en los momentos un poquito más difíciles… Los mejores granos crecen tras la adversidad”.

Leí y releí esta frase una y otra vez… Mi cuerpo en aquella época no era más que mi sombra y mi vida se había estado limitando a respirar para no ahogarme. Aún así, estaba exhausta. Fallaba la confianza, minaba la autocompasión y las baldosas hacía tiempo que habían dejado de ser amarillas…

Tras pedirle a quién sabe algunas fuerzas para leer el adjunto sin miedos, hice mías estas letras:

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He oído una antigua parábola; debe ser muy antigua, porque por aquellos tiempos Dios vivía en la tierra…

Un día se le acercó un hombre, un viejo granjero, y dijo:

-Mira, puede que seas Dios y que hayas creado el mundo, pero debo decirte una cosa: no eres un granjero. No conoces ni el ABC de llevar una granja. Tienes algo que aprender.

-¿Qué me aconsejas? – dijo Dios.

-Dame un año de tiempo y durante ese periodo deja que haga las cosas a mi manera para ver qué pasa. ¡La pobreza será barrida de la faz de la tierra!

Dios aceptó: concedió un año al granjero. Naturalmente, éste pidió las mejores condiciones: nada de tormentas ni vientos fuertes, ningún peligro para la cosecha. Todo era cómodo, agradable, y él se sentía muy feliz. ¡El trigo crecía tanto! Cuando quería sol, tenía sol; cuando quería lluvia, tenía lluvia, toda la que quería. Aquel año todo era correcto, matemáticamente correcto. Pero cuando se cosechó, no había nada dentro del trigo.

El granjero estaba sorprendido. Y preguntó a Dios:

-¿Qué ha pasado? ¿Qué ha fallado?

-Como no había desafíos – dijo Dios-, como no había conflicto ni fricción, como evitaste todo lo malo, el trigo permaneció impotente. Es imprescindible luchar un poco. Las tormentas son necesarias, al igual que los rayos y truenos. Ellos agitan el alma dentro del trigo.

Esta parábola es de inmenso valor. Si sólo eres feliz y feliz y feliz, la felicidad perderá todo su sentido. Será como si alguien escribiera con tiza blanca en una pared blanca. Nadie será capaz de leerlo. Tienes que escribir en una pizarra negra; sólo entoces se podrá leer.

La noche es tan necesaria como el día. Y los días de tristeza son tan esenciales como los días alegres.

OSHO.

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