Happy pills (perdidas en Casa Toya)

 

No hay nada como dejarse embaucar por uno mismo... por esa necesidad egoísta que nos lleva a preparar la maleta de los cambios que se avecinan y que, en medio del barullo de la gente, las barricadas del orgullo y la inapetencia, no nos dejan marcarnos el gol, a no ser que sea en propia meta.

No hay nada como aligerar la mochila con algo más de talento. Hay un “arte” que dicen que auyenta los malos humos que nos hacen estar amarradicos a la ira del qué diran. Pero, como sólo es seguro lo que se tiene en frente, si queremos cambiar el paisaje del futuro, hay que hacerlo desde ya. Espera que te lo repito: desde YA. Ahora mismito. Sí, sí, sí…

Lo sé.

Chirría…, pero esto funciona así.

Sin más dilación que un tiempo en el que tú eliges si te dilatas con él o lo comprimes a base de insomnio.

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Así que, héme aquí, a punto de coger el coche, tras una semana espartana de trabajo y los fieltros de colores pululando en una primavera que acaba de nacer. A. llega algo impuntual, pero es que las grandes aventuras nunca empiezan como uno espera. Nos lanzamos a la espesura de la oscura noche, en un también oscuro coche, quizás en un intento de pasar desapercibidas en ella. Una curva, otra curva y 250 kilómetros más tarde llegamos… no sabemos muy bien dónde, porque por no moverse, ni el aire flota. Sólo algún hurón nos ha saludado por el camino y, seamos francos, tampoco con muchas ganas… 🙂

Las aventuras de fin de semana pueden no tener fin; aunque bien pudiera ser el inicio de todo lo que se precipita. Éste, era de estos últimos, pero debo advertir que lo hemos vivido como si fuera de los eternos.  A. tiene la pasmosa habilidad de (re)colocarme en la mesa de los manjares. Eso sí: la dieta equilibrada exige ponerse a plan y créeme que me ha tocado crecer en dos días lo que no me había permitido en meses. Porque a veces, pasa: el tiempo. El tiempo pasa… Sencillamente, dejamos que se nos vaya. Y así, regalamos al hastío los mejores momentos de nuestras vidas.

¿Nunca te has sentido adormecido entre los brazos de mamá osa?¡ Qué calentita es siempre y qué disparate querer poner rumbo al bosque…! Pues con una buena palmada en el trasero, A. me ha puesto ruedines en los pies para que me aleje (algo torpona) hasta el mismo punto que yo tenía en mente. Mira que el equilibrio no es mi fuerte… Pues, un empujón y ¡¡¡¡zasca!!!, de llenito al pinar de los deseos.

No sé si alguna vez te has dejado seducir por este pinar. De no ser así, déjame que te explique que estos pinares tienen algo que los hace peculiares pero a veces, también, muy peligrosos. Escondidos en sus ramas hay pequeñas píldoras. Infinidad de ellas de mil colores visten al bosque como un arco iris donde redunda su propia belleza. ¡Y qué belleza, señores! Bellezas arduas, puras, perfectas… pero también inacabadas y sin todas las aristas bien pulidas. Es de ley que, en el momento en el que me encuentro, mis manos se vayan sin querer hacia estas últimas. Estoy en uno de esos instantes de retos y, créeme… ¡¡son tan sabrosas!! Porque esconden la aventura. Y el misterio. Y las ganas de sacar a relucir tu parte más resolutiva. “¡Cómete la vida!”, parece que me gritan…  A. me advierte que es el único empacho saludable… Me gusta llamarlas las píldoras de la felicidad.

Y entonces, ella me cierra los ojos y deja, colgados de mi mano, estos versos:

 

NO TE DETENGAS (Walt Whitman)

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.

Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.

No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.

“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.

Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los “poetas vivos”.

No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas …

P.D.: A tod@s los que queráis saber dónde pusimos la semilla de lo que se avecina, os remitimos a la gentileza de Conchita y Carlos, los creadores de un espacio único como es la CASA TOYA en Aluenda, muy cerca de Calatayud. 😀

 

 

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