When it’s time to walk away

A veces las mejores noticias son las que no esperas.

Esas que de repente te lanzan al vacío en mitad de la noche sin nada más que tú.

Tú.

Dos letras que lo abarcan todo.

El todo de tu vida al que vas añadiendo recetas al gusto de tu propio consumo.

 

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RECETARIO DE VIDA

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Recetas pobres en calorías. 

Éstas, pese a que se paseen con ese calificativo falto de recursos, no se distinguen por estar malas;  siempre necesitamos etapas de un “slow” para que después se hilvanen con un viento en popa. Lo difícil es cuando el slow se dilata, baja por tus rodillas y se queda tan ricamente soldado a tus zapatos. Barajas dos opciones para poder sazonarlas en caso de que esto ocurra:

a. (la chachi) te cambias de calzado

b (la perezosa) prepárate para días llenos de una nada pegajosa y húmeda que no te deje respirar.

 

Recetas de ponzoña con jugosos toques de miedo (salpicados por aquí y por allá).

Y ojito con los miedos, difíciles de quitar, porque dejan un resgusto que engancha. Sí: engancha. Es un sabor que ya controlas, distingues y con el que sabes juguetear en la boca. Es amargo y resulta algo arenoso en el paladar. En síntesis: es lo más complicado de digerir del plato… Pero como te enseñaron que es de mala educación no dejarlos limpios como patenas, ahí estás tú tres veces al día buscando una nueva forma de cocinar esa ponzoña gelatinosa. Al final saben exactamente igual que los besos que regalas en las altas horas de alguna resaca: no los recuerdas ni los disfrutas. Y engordan. Huye de ellos en la medida que puedas.

 

Recetas donde-dije-digo-digo-Diego.

Las más peligrosas y tóxicas, sin duda alguna, excesivas en picante y en renuncias. Estos son los platos “mágicos” donde eres capaz de generar un sabor con unos ingredientes iniciales, pero desconoces siempre qué saldrá como resultado tras los fogones. Suele ocurrir que alguien mezcla el aliño, añade/resta algo a tu cocido o salpimenta en extremo lo que tú habías dejado cocinando con cariño. Para estos casos, te recomiendo que no salgas de la habitación mientras algo tan exquisito como tu creación se está fraguando. Y que, cuando distingas la mano negra que se acerca a oler tu manjar, reacciones para evitar ofrecer margaritas a los cerdos.

 

Recetas de integridad (que no integrales).

Estas molan. Son todas las que llegan después de algún traspiés en la vida. Curiosamente, te encuentras el papelito con las instrucciones al principio de esos caminos que acabas de descubrir y que por fin te has decidido a caminar. Algunas veces esos caminos son tan poco transitados que muchos de los que se quedan tras de ti te gritan “ovaciones a la inversa” (a buen entendedor…) con el único retorcido fin de que creas que el producto no será tan sabroso como el que intuyes. Aquí sólo puedo decirte que sigas meticulosamente los pasos que se te indican. Sólo tu grandeza en estas recetas hará que los resultados sean extraordinarios.

 

Recetas de cambio.

Generalmente, estas suelen cocinarse en tiempos de crisis. Tienen como elemento importante e imprescindible el ingenio o, si lo deseas, la creatividad. Esa será la chispa que encienda la hornilla donde coloques tus sartenes y en las que puedas detectar distintos sabores en función del momento en que pasees la cuchara sobre el guiso. Es un plato que nunca se pasa (¡yeah!) y que te sorprenderá cada vez que hundas el cubierto en el puchero. En ocasiones, estas recetas se preparan en un plis plas. En otras, requerirán sacar el mejor chef que llevas entre tus poliédricas personalidades y cierto tiempo. Pero nunca, jamás, defraudarás ni a ti ni a tus comensales.

 

Keep-calm-ponte-a-cocinar

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Volvamos al tú. Al TODO. A la cocina en la que vas preparando los platos con que te cuidas. Y a las noticias que aparecen en tu periódico, en primera plana, en un 14 de julio como el de hoy. Cuando los titulares te traigan recetas de desgana, conviértelas en esas creaciones de alta cocina. Dispondrás de libros, otros maestros y sobre todo MUCHOS ingredientes para hacer esto posible.

Esos son los momentos que anteceden al instante que te cambia la vida. Cuando llega el momento de irse, de moverse, de saltar los charcos…

Algunos le llaman crisis. Otros, oportunidades.

Resiliencia.

Fe.

Confianza.

Señales…

Bautízale con lo que mejor te vibre, libre eres. No dudes en ponerte en mandil y disponer todo sobre la mesa. Crea y busca qué quieres saborear. ¡¡Todo un universo esperando a que lo descubras!! Pica en dados, cuece, pocha, enriquece al vapor o a fuego lento. Y cuando tengas tu propia receta, por favor, compártela con el resto del mundo. Los platos cocinados con amor saben mejor. Y tú eres el gran amor de tu vida.

 

 

 

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