De repente, un extraño

De repente, eres extraño. En tu propio cuerpo empiezan a surgir esas tempestades que sabes que arremolinarán una tormenta tan fuerte que no podrás más que darte por vencido… Serás voluble a esa lluvia que caerá arrastrando profundamente lo que no dejabas que se colara entre las rendijas de tus días… Porque estas cosas, pasan. Y no lo hacen de largo, no. Se tienden frente a ti, te provocan y te repiten los “así sí” o “así no” que llevas tarareando desde que dejaste de escuchar.

La tormenta, mal que bien, puede desperezarte o despedazarte. La raíz es la misma, por lo que aquí eliges tú. Tú medirás los pasos que te lleven hasta el camino que has elegido. Porque eliges: dalo por hecho. Lo que es tu historia la has creado con tus manos de alzar muros o de romper barreras. Siento ser brusca: tú te lo has narrado.

Pero estábamos en la tormenta… Hablábamos del poder del agua: de cómo limpia, evapora pero también destruye a su paso todo lo que le bloquea su curso. Cursos donde no hay notas en un tablón; cursos donde no hay que demostrar ser más que nadie, sino ensancharse, expandirse y romperse en mil pedazos antes de volver a encontrarte… Ocurre que, cuando vuelves a unirte, tus pedazos ya no son tuyos. O al menos, no del todo. Llevan implícitamente algo más. Algo más que realmente eres tú mismo. Pero ya sin grietas… porque no existen. Nunca existieron. No hay espacio, no hay separación, igual que tampoco hay límites, parcelas o escaparates de cómo hacer bien las cosas.

De repente, eres un extraño a tu vida. Te palpas la cara y ves que ríes y lloras porque algo te está removiendo el alma. ¿Qué está pasando? Quizás, y sólo quizás, te has permitido ese milagro que todos proyectamos como una iluminación pasmosa. Recordarte cuando antes eras… La receta de la felicidad que no está ahí afuera, sino mucho más cerca… a centímetros de ti. La que respira contigo todos los días y te frota la epidermis. Es la tormenta, es el huracán, pero es la calma y es la quietud. Novocaína para el alma que se detecta en la primera lágrima que empieza a curarte las heridas.

Y cuando esa sensación brota, ya no hay más. Bueno, miento: está todo lo más. Lo que deseaste siempre, desde aquella primera bocanada que cubrió de oxígeno tus pequeños pulmones. Descubres la belleza que hay en todo. Y sanas…

Cuando las lágrimas dejan de secar todo lo que te hizo sentir pequeñito, recuperas el aliento. Entonces, creas… El aire te agita y las horas pasan en un instante, eternas…

 

Llegaste a ti. No hay nada más bello que haberse encontrado.

laberinto 2

Deja tus "buenos días"

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s