A dónde irán los besos…

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Hace muchos, muchísimos años, cuando mi padre pasaba las horas muertas frente al tocadiscos con sus auriculares y prácticamente aislado del mundo, descubrí una canción cuya letra me impactó. Los vinilos tienen una magia similar a la que pueda ofrecer una varita mágica, y aquel que mi padre tenía en sus manos me paralizó por instantes. Apenas rondaba los 12, pero la vida ya me había mostrado su parte más fea, sucia, densa y gris. Quizás por eso reservaba mis besos que, con esa edad, empezaban a pedirme lozanamente quienes me rondaban…

Supongo que tuve fama de estrecha. Entiendo que mis amigas se fueron por otros derroteros que yo no quería escudriñar… Y quizás esa fue la razón por la que los chicos de la escuela insistían en buscar en lo más profundo de mi alma, porque aquellos ojos tristes y oscuros tenían necesariamente que ocultar su destello en algún lugar. Chicos listos a los que no escuché con la atención que se hubieran merecido.

El caso es que después de aquel descubrimiento en el salón de mi casa [tengo nítida la imagen de mi padre en su silla, frente al equipo de música, cantando efusivamente la letra que descatalogaría mis ideales “amoriles”], algo cambió. Bueno, realmente algo ME cambió. Me ruborizaba imaginándome en esos besos sacados del cine al más puro estilo Hollywood. Y pensaba: “Tienen razón. Los besos son para darlos… porque, ¿dónde se guarda si no el amor?”.

Yo no lo sabía… No sabía dónde se escondía ese misterioso sentimiento del que me hablaban mis amigas con el corazón desparramándose a borbotones en cada palabra en que nombraban a Fulanito o Zutanito. ¿Sería yo un bicho raro? Quizás no estaba hecha para enamorarme… O, lo más probable: estaba muerta de miedo. El miedo se colaba cada día lleno de recuerdos que no eran míos, sino de otra historia de amor que me había salpicado salvajemente sin quererlo. Miedo. A mostrarme. A ser vulnerable. A que me dijeran que no… ¡¡¡O más difícil todavía!! ¡A que me dijeran que sí!

Con los años aquella historia que me había vuelto decrépita a algo tan sutil como una historia de dos, conseguí difuminarla y colocarla donde debía. Fuera de mi, porque no me pertenecía. El ejemplo había sido claro, pero podía darle la vuelta y entender que quizás esa era la manera en que tendría que evitar gestionarlo: a veces todo es más fácil y se resume en escuchar… Escuchar las sombras que te hablan, escuchar tus ganas de abrirte de par en par al mundo, escuchar al otro y dejarte llevar… Parece sencillo, ¿verdad? Pero me llevó años de seducir a quien me daba la gana y edulcorar con tiritas la ponzoña pegajosa de la falta de valor.

Hasta que regresas a esa niña de 12, a su sincero sentimiento de quererse mostrar, sin más. Entonces, (sólo entonces) sanas. Gritas y te desgarras una vez, dos veces, una más. Y echas hacia afuera esa bola negra y pestilente (mi miedo tiene esa forma, no sé el tuyo) para dejarte abrazar por un llanto que te cura desde las entrañas hasta los huesos. Un abrazo mamá-osa que te habías reprimido por cabezota.

Sigo sin saber dónde van los besos y los abrazos que no damos. Aprendí tan bien la lección que ahora no se me escapa ni una sola oportunidad. Es fácil descubrir que hay mil maneras de decir “te quiero”. Puedes amar a muchas personas, parafraseando a Manolo García a un “catálogo de seres y estares”. Y afirmo rotundamente que, en esencia, no somos más que este sentimiento en absoluto fortuito. Al fin y al cabo, es el que da coherencia y cohesión al mundo.

Estamos aquí para dar la palmada sobre la mesa, ser valientes y atrever a querer(nos). Mucho. No pierdas el tiempo como yo lo hice. Y derrocha tu amor, tus besos y tu pasión por donde vayas. Cuando llegues a mi lado, te estaré esperando.

De hecho, ya te espero…

 

 

A DÓNDE IRÁN LOS BESOS (Víctor Manuel)

Tu beso tembloroso y programa doble, cinco pesetas.
En el momento justo, nos enchufaban con la linterna…
¡Cuántos atardeceres por las callejas sin darse tregua!
¡Qué distintos los besos cuando pasabas de ir a la escuela!

Del beso aquel de Judas que descubrimos sin darnos cuenta,
junto a dos corazones atravesados por una flecha,
cuando tiré su anillo el agua del río, se volvió negra…
De esto hace ya treinta y cinco y jamás he vuelto a pisar su acera.

¿A dónde irán los besos que guardamos, que no damos?
¿Dónde se va ese abrazo si no llegas nunca a darlo?
¿Dónde irán tantas cosas que juramos un verano?
Bailando con la orquesta prometimos no olvidarnos…

Y el beso que te llega en aquella carta que nunca esperas…
como no está firmada miras distinto a las compañeras.
Todo el francés que supe y que sabré nunca fue culpa de ella:
le llamaban B.B. y yo la vi en “Babette se fue a la guerra”.

6 Respuestas a “A dónde irán los besos…

  1. Estimado Guillermo:
    Esto de estimado puede sonar muy formal, pero algunos amigos que tengo pululando por Barcelona me han hecho entender que estimar es mucho más que tener aprecio por algo o alguien… Y como me has rascado el alma con tus palabritas, que menos que un guiño de resaca amorosa para ti, ¿no crees? Millones de gracias.
    Aviso que vuelvo con fuerza al blog. Y con novedades. Y quien avisa no es traidora. MUACKA

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  2. Mis buenos días serán con un poema:

    Volvió a hacerme feliz,
    porque mientras yo me compadecía
    de mis ojeras frente al espejo,
    mesó mis cabellos, y me besó su alegría,
    -“pídeme lo que quieras”…
    -“un géiser de chocolate”, nunca le pido la luna.
    Y mientras me abrocho la sandalia,
    le oigo canturrear, calentando chocolate en la cocina…

    Impresionante tu blog, acabo de descubrirlo y prendado me hallo. Gracias

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  3. Nunca, jamás (y si alguna vez lo hago, dadme una sonora colleja) me acostumbraré a vuestras inmensas muestras de cariño. Creo que ese es el motor de arranque para tantas y tantas cosas… ¿verdad? Gracias por estar y sostenerme, cielo. MUACKAAAAA

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  4. hola Rocío!! Te sigo desde hace un año y poco a poco, he ido leyendo tu blog cada vez más. Sin querer, tus relatos me han ido enganchando y no sé qué tienes, pero derrochas alegría. Es una particulairidad tuya que desde el micro, y desde el blog consigues transmitir esa “chispa” y despertar las ganas de hacer más… Gracias por tus palabras. Un besaco! muaca!

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