Lo que te dan. Lo que te quitan.

Llevo unos días revuelta. Unos días enfadándome y reconciliándome con el mundo, el Cosmos y el Universo. Si no fuera porque tengo ya muchos callos en el corazón, hubiera saltado una chispa y, con ella, el incendio.

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Esta semana se han unido a mi nutrido nivel de conocimiento un par de novedades que me han partido en dos. Literalmente. Las escenas a veces no salen como uno las tiene proyectadas, sino que mejoran con más acción, con más intriga. Me toca imaginar que la vida está jugando ahí entre bambalinas a cambiar los diálogos, para que aparezcan o desaparezcan nuevos elementos que le den más movimiento a esto. Tiene que ser eso… o que me tiene ganas. Siendo generosa voy a apostar que es lo primero. Porque si no, querida mía, te las vas a tener que ver conmigo en la calle. Y te diré un par de cosas a la cara que no te van a gustar un pelo. O quizás no me gusten a mi. Pero te las diré igualmente.

Te diré, por ejemplo, que tu humor, tu forma de narrar las cosas, es demasiado inglés. Que estás siendo descortés con las damas que me rondan y que el nuevo papel de una de ellas no me interesa. Y a ella tampoco. Nos viene grande… Nos viene deshecho. Hecho jirones. Y eso no queda bonito…

También, ya puestos, te diré que no por ser la directora te puedes dar esos aires. La licencia de colocar las piezas en un lugar diferente es volvernos locos a los demás. Al menos, deja pistas. Un sudoku. Algo que tenga soluciones. O prepárame un bozal, porque te juro que si te veo ahí afuera correré a morderte las carnes. ¡Ñam!

Si me preguntas que de qué me quejo, te diré que de hartazgo. De que no des tregua. De que pongas a prueba una vez y también otra. Una no es de goma… aunque no creo que haya elástico que resista y de tanto estirar no se rompa. Tampoco soy impermeable… Ni biodegradable.  Soy de carne y hueso. Y tus pedradas me sangran, como a los demás.

Por ser previo al día de Cupido, podrías haberte tirado el pisto. Coquetear un poco no le hace daño a nadie. Edulcórate. Baila la danza del vientre conmigo… si yo me dejo. Siempre me dejo llevar cuando algo me gusta. Rozarte la espalda con mis dedos es una delicia, pero es que últimamente no te dejas mimar. Vas de femme fatale por mi pista y me obligas a aterrizajes forzosos que me sacan de quicio.

Aunque sé que todo esto va por mi bien. ¿Verdad? Qué ignorante soy por no caer de bruces en tu respuesta. Es como si ya te oyera: “se llama aprendizaje”. Experiencias vitales en su eufemismo más chungo. Y no te quito yo la razón… Si al final siempre la tienes, rubia. Y lo sabes. Sabes que lo de ahora es una pataleta. Pero déjamela. Déjame que suelte la ira mientras escribo porque si no se va a enganchar con alguien… Y a quien tengo más cerca es a mi misma. Esa experiencia ya la tuve una vez y de aquella me costó unos meses salir airosa.

¿Tú sabes que el verbo “aceptar” no condiciona pero jode, verdad? Pues claro que lo sabes… A buena he ido yo a preguntar. Supongo que la idea que buscas es hacer de nosotros una piña: a las duras y a las maduras. Pues entonces, convénceme de que no suelte la cuerda. Y hazlo con ternura, si no te importa.

Dime que la suerte se construye, se fabrica. Que es un diario de poner en el camino lo que deseas, aunque tengas que decir que no a otras tentaciones del camino. Dime me que espera lo mejor allí donde mis ojos aún sólo ven horizonte. Que cada cual se plasma finalmente en el resultado de su cuerpo; que esto no es azar, sino subjetivo.  Dímelo y me callo.

Dime que la codicia, la que nos lleva a pedirte más, es la culpable... y no tú… Que tú eres la cadencia, pero que somos nosotros quienes perdemos tu ritmo. Dime que la turba no la colocaste a drede. Que crece frente a mis narices si no hago nada por evitarlo. Que realmente no hay falta de amor, sino exceso de egoísmo. Que el peor enemigo es el miedo y que se alía con la falta de tiempo para dejarnos por tierra los deseos, las ganas. Dime que todo se puede revertir y me callo.

Dime que no hay restas. Que sólo hay rectas. Dime que lo bueno es multiplicar, pero que no lo hacemos porque nos abruma siquiera que podamos tener éxito. Dime que la escasez sólo es mental; que hay bueno y rico para todos. Dime que quien yo sé que me ama, lo hace de veras y que no lo demuestra porque no sabe. Dime que la incertidumbre no mata, que es la pieza que mueve la creatividad igual que cuando el peón se vuelve dama. Que la esperanza es sublime. Que la fe mueve montañas. Que tengo que confiar y confiarte también mis ganas. Dime que todo saldrá bien y me callo.

Que realmente no hay nada que me des. Que no hay nada que quites. Que la vida es una balanza y exige contrapesos para poder seguir equilibrando. Que avanzar es eso. Que el resto es autoengaño. Que lo que nos regalas son momentos para valorar lo que de verdad importa. Que nos haces grandes… y que quizás aprietes un poco más. Pero que nunca, jamás, ahogas.

Dime que no me vas a fallar… y me callo.

 

 

[Fuente imágenes #Tumblr]

4 Respuestas a “Lo que te dan. Lo que te quitan.

  1. No sé si serán las respuestas acertadas, pero desde luego que son las que a mi ahora mismo me valen. Quizás mañana cambie todo, quién sabe. Que esto da muchas vueltas. Me alegra verte por aquí. Y por tu identificación. 🙂 ¡¡Viva la simbiosis!! Un abrazote

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  2. Que bueno sería que nos contestara…!! Por enésima vez, me identifico con tus palabras, con tus preguntas y tus “auto-respuestas”.
    Pero en fín, nadie nos dijo que fuera fácil, ni que todo fuera a ser bueno, pero me gusta pensar como dices, que todo se trata de una balanza que si no equilibra, al menos lo intenta, me gusta pensar que todo pasa por algo, y que ese algo me llevará a algo bueno, algo mejor, porque si no fuera así, diría aquello de: “que pare el mundo que me bajo…”

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  3. La vida no es facil. No siempre es divertida, y veces inclusion te apetecerá dejarte llevar y hacerte pasar por normal. Pero tu eres diferente, eres capaz de ver lo que mueve a las personas y como tal tienes un compromiso con ese don… Mover a otras personas. Haz que cada día merezca la pena.

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