Prometo estarte agradecido…

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Gracias.

Una palabra. Escueta. Potente.


Tan poderosa es que tiene la capacidad de transformar nuestras vidas. Y me respaldan estudios científicos, psicológicos e historias de personas que, con este pensamiento en mente, convierten su día a día para no detenerse. Con adversidades. Con malas pasadas. A pesar de. Desde.  O gracias a.

La otra noche, por una vez, me senté delante del televisor un buen rato. Dejé a un lado la lectura porque algo me llamaba la atención: un programa ponía sobre la mesa las cartas de la nueva educación que, poco a poco, se va abriendo camino también en nuestro país. Una mucho más emocional, rica en estímulos, totalmente creativa. Democrática. Se me quedó danzando en la cabeza la opinión de un experto que comentaba cómo la (educación) actual sólo nos enseña a memorizar datos que no empleamos en nuestras rutinas, pero que no nos facilita las cosas para aquello con lo que sí chocaremos una y otra vez: socializar, hacer amigos, sentirnos bien con quiénes somos, gestionar un fracaso y, la tarea más importante de todas, el desapego.

En esa educación, tampoco nos explicaron la opulente sensación que lleva impregnada la gratitud. Sentirnos agradecidos nada tiene que ver con aquella frase de madre tan costumbrista que nos permitía demostrar que éramos adorables: “¿Qué se dice Rocío?”. Rocío: “Gracias”. Se nos solapan razones para sentirnos agradecidos, pero se filtran demasiado pronto entre nuestra propia falta de interés.

Si hacemos un cálculo rápido, durante el día podemos llegar a quejarnos en torno al 70% de nuestro tiempo. La excusa puede ser cualquier cosa. Repito: cualquier cosa. O persona. Una crítica (y abusamos mucho de esto) también es una queja. Sobre todo cuando la persona a quien la dirigimos es a nosotros mismos. Sin embargo, aún no somos conscientes de que tenemos una herramienta capaz de cambiarnos la vida. ¡¡Y GRATIS!! (Lo pongo en mayúsculas porque así impacta más 🙂 ). Las personas positivas suelen tener los mismos problemas que tú. Las más agradecidas que conozco han vivido o viven momentos que para otros serían insoportables. La única diferencia, e insisto en que es la única, es que ellas han decidido tener una actitud diferente ante lo que (les) sucede. Porque con la gratitud aumenta nuestra capacidad innata de amar, de manera que cuanto más agradecidos somos, más amor desprendemos y, por ende, la felicidad llega a ser más que una compañera de piso: se convierte en nuestra amante más apasionada. Y eso, no me lo niegues, mola.

Desde luego que tenemos que empezar en esto con lo fácil.

Así que, venga. Un minuto para un ejercicio: dame una sola razón por la que puedas ser ahora, mientras lees esto, agradecid@. Una sola cosa. El whatsapp gracioso de un amigo. La hora del almuerzo. Ese abrazo de anoche. Tu nuevo trabajo. Tu actual trabajo. Tu deseo de encontrar trabajo. El sorbo de café que te ha sabido a gloria. Tu marido. Tu mujer. ¡O este blog que te cambia un día normal por otro extraordinario!


Una sola cosa…

¿Quién no puede hacerlo?

Hay un montón de momentos excepcionales que nos suceden.


Pero son sutiles y no vienen marcados con bombos, platillos y pompones. La tarea de buscarlos tiene que ser tuya. Para que te resulte sencillo de entender esto que te escribo, piensa en aquello que echaste de menos cuando ya no lo tuviste. Cuando pasó, cuando se marchitó. De nuevo, un minuto a solas para que lo pienses…

(1 minuto)

Sé que han venido unos cuantos. Seguramente, la mayoría tenían que ver con emociones y no con cosas… Bien: esos son los momentos excepcionales de los que te hablo. Los que están ahí pero que normalizamos tanto que los dejamos pasar inadvertidos. Y a otra cosa, butterfly.

Tenemos un fuerte problema social que tiene que ver con nuestras miserias y nuestros vacíos. Tenemos vacíos los corazones para sentirnos agradecidos y nos hemos vuelto miopes en algo tan esencial como esto. Sí que es verdad (esto nos salva) que cuando nos ocurre algo agradable llegamos a sentirnos felices. ¡Menos mal! Pero, pasado el momento, algo nos impide seguir en ese bienestar. Sin embargo, la gratitud va más allá: es continuada, pero exige de nuestra parte. Nos pide que activemos nuestra psique para mantenerla en modo ON.


La gratitud hay que sentirla…


No puede, no sabe ser pasiva. Es fácil y trabajosa al mismo tiempo, porque nos obliga a estar aquí. Ni mucho más atrás… ni demasiado adelante. Disfrutar este momento sin generar ansiedad por lo que pueda llegar después. Sé que suena a  frase de autoayuda, pero es que es así de simplón. Con el ritmo de vida que llevamos, los acontecimientos negativos eclipsan a los positivos porque éstos pueden pecar de modestos. Pero ahí están. Siguen sucediendo. Hace un momento, ahora y algo más tarde. Y aunque evolutivamente y por la ley de la supervivencia nuestra tendencia sea la de poner la atención en los problemas y los peligros, la verdad es ésta: nos perdemos la vida por estar asustados. Tenemos anclado a nuestro cerebro confiar más en la desgracia que en la felicidad, al punto que nos creemos absolutamente eso de “más vale malo conocido que bueno por conocer”. ¡Pero qué nos pasa! Lo bueno SIEMPRE será mejor. Siempre. Lo otro es justificarnos porque estamos muertos de miedo.


Leo: “La gratitud es una forma de ejercicio mental que prepara a la mente para ser positiva” (Janice Kaplan)


Todos vamos a morir. Sufriremos enfermedades. Nos harán daño. Seremos el punto de mira de envidia y celos. Lastimarán a nuestros seres queridos y no siempre podremos evitarlo. Perderemos trabajos. Nos lesionaremos. En algún momento, nos sentiremos vulnerables. Y el eco del pasado vendrá para aterrorizarnos.


Nada justifica que vivas tu vida sin que sienta que le importas.


Los hechos son los que son. Tú no te enfadas ni te sientes mal por lo ocurre, sino por los pensamientos que te nacen por eso que te ocurre. Pudiera ser que todo tenga una doble lectura. Las experiencias pueden durar un parpadeo. Ser largas. Exitosas. Cuesta arriba. Pero nadie es capaz de morder el polvo como tú lo haces. De besar con la pasión que tú profesas. De saborear tu plato favorito con una gracia que sólo es tuya. A nadie le sienta tan bien tu cuerpo como a ti mismo. Así que si te comparas que sea para que produzcas más ganas de mostrarte a la gente. Porque te des cuenta de una puñetera vez que no hay nadie en el mundo que camine, hable, grite, llore o bostece como tú.


Nain.

Res.

Nobody.


Que sigues siendo la planta de producción de algo que es genuinamente tuyo. Que la humildad es tu fuerte. Y que no es que seas bueno; es que eres uno mejor. Lo eres cada vez que renuevas tus 24 horas. Ya sean las horas del día en que tropiezas o el que te pone el trampolín en el que llevabas tanto tiempo queriendo dar el brinco.


Eres agradecido por cómo recuerdas tu vida.

Y también por cómo quieres que los demás puedan recordarte en la suya propia.

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[Imagen de portada: http://www.paulacaneque-psicologa.com/la-gratitud-tras-un-trauma-se-agradecido/]

11 Respuestas a “Prometo estarte agradecido…

  1. Creo que todos los que te leemos, y a los que nos tienes ganados un pedazo de nuestro corazón desde siempre, no podríamos expresarnos mejor para darte las gracias que con tus propias palabras. Eres un regalo y haces que cada día sea un poquito mejor, y eso es mucho.
    GRACIAS!!,GRACIAS!!,GRACIAS!! Y UN MILLÓN GRACIAS!!

    PD:No te canses de escribir y de soñar que nunca me cansaré de leerte

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