LOS HUECOS QUE RELLENAS

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En X, a 8 de noviembre de 2016

 

 




Esta es una carta para ti:




Hacía tiempo que quería escribírtela, pero dudaba en si heriría o no tus sentimientos.

La verdad al fin y al cabo es la que uno vive en su cuerpo y su mente, y cada uno amolda a los dos según sus antojos y, sobre todo, sus ideales. Por eso sé que mi verdad no tiene por qué ser compartida. Tampoco es lo que busco. Ni lo que vengo a justificar.

Mi vida no tiene nada de que ver con la tuya. O quizás sí: que cada uno de nosotros compartimos esa utopía común y disparatada de ser felices. No algún día, sino ahora. Aquí. Con lo que tenemos.



No con lo que añoramos.

No con lo que deseamos.

Sino con esto.



Lo que nos hace sentir como sentimos, vivir como vivimos, ser como somos. Deseando mejorar… porque todos tenemos un margen de mejora que, en función de nuestra humildad, será más grande o más pequeño. Me pregunto cuál será el tuyo… El mío fue creciendo conforme mis miedos y mi egoísmo se iban apagando. Y aunque aún queda mucha llama viva, ¡hey!, me gusta saberme necia en algunos palos. Bueno, no: que a lo de ser “necio” le acompaña cierto halo de arrogancia por eso de creerse autosuficiente.. Así que mejor dejarlo en que me siento en pañales. Pero literalmente: como un bebé que nace, tira y afloja, buscando a cada acto un poco de sentido.

Esta carta es para ti, que eres capaz de escoger mis ideas y hacerlas tuyas. Que eres también capaz de todo lo contrario: arrancármelas, reírte de ellas y escupírmelas a la cara como si hubieses mascado tabaco.

A ti, que me endiosas. A ti, que me odias. A cada rato, un sentimiento distinto.

Para ti, que te mientes y mientes al mundo de tu verdadera naturaleza porque temes que te hieran, te hundan o, sencillamente, sepan de ti. Para ti, que necesitas ser recompensando con el aplauso para saberte más tú: poderoso, fuerte… como si tu lugar en el mundo sólo pudiera regirse entre los renglones que otros te escriben.

Para ti, que buscas el apego. Que te coses a las huellas de alguien ajeno y crear así, de la historia de otro que no eres tú, la tuya propia. Como si te avergonzases de quién eres. Aunque pudiera ser tan sólo que no sabes de ti lo demasiado como para dejar de vetar a los demás.

Para ti, que te has malnacido desde que te parieron porque no supieron decirte que eres bello.


Y lo eres.

Por supuesto que lo eres.


Tú, él, nosotros, todos… sólo que cada uno danza al compás que le dicta el bombardeo musical de “debes” y “haces” que nos obligaron a tatuarnos con el goma-2 en el cerebro.

También es para ti, que te amas y te derrites por tus huesos. ¿Sabes? La gente como tú me gusta porque, aunque te señalen con el dedo y hagan juicios erróneos, tú siempre perdonas. A los juicios y a las personas. La gente que perdona recibe un efecto boomerang que les llega con los años. Siempre he creído que los más invencibles son los más vulnerables. Porque serlo es el antídoto del miedo: pese al riesgo del tiro de dardos con diana en su pecho, siguen sin corregir sus ideas porque les parecen buenas. Y esas son las personas que entienden la vida como un casino: apuestan sí o sí a su número y a su color. Aventurarse así es de valientes y son fuertes más por ese espíritu que por el sufrimiento que resisten. El mayor valor de alguien no está en los golpes, ni en las huellas… sino en los riesgos y las agallas.

Esta carta que hoy escribo es para ti, que evitas el peligro con el único objetivo de que no te quiten lo bailao’. Y para el que se sube al tablao dispuesto a desmelenarse con la gitana de primera fila.

Te escribo para que te rindas a tus encantos.  Para que dejes de tachar en los demás lo que de ti no te gusta. Para que te des la licencia de un poco de pereza en la cama, con los primeros rayos de sol rozándote la cara. Para que dejes de odiar y rechazar a quien no te sigue: los buenos líderes no dan consejos, sólo son ejemplo y, con suerte, algunos les emulan. Para que mandes a la mierda las dietas por verte más flaca, más gorda, más bella o más membrana. Para que no dejes tu tiempo libre para cuando lleguen los 65.

Te escribo para que dejes de comerte el tarro: la vida es bonita, joder. No hay que darle muchas más vueltas.



Retrocede si hace falta.

Pide consejo.

Sobre todo, pide perdón.

Haz el amor siempre que puedas: con piel en la cama; sin ella en tus actos.

Sonríe.

No des nunca la espalda al sol.

Bébete siete copazos de vino para celebrar algo bueno.

Ríe.

Ríete más.

Ríete siempre.



Y deja de pensar en los huecos que rellenas con todo aquello que sabes perfectamente igual que yo que no lleva a ningún lado. Más aún, que no merece la pena.

Como siempre digo a la gente que me quiere, la vida tiene que merecer la alegría. Y como evitar el peligro es imposible, invierte en convertirte en uno de esos valientes que no resta lo malo para crear vacíos,


sino que deja huecos para que haya espacio siempre para algo mejor.




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4 Respuestas a “LOS HUECOS QUE RELLENAS

  1. Gracias por tu reflexión,llevas toda la razón. Supongo que a veces escribimos en alto para poder oirnos a nosotros mismos,para no perder el nexo de unión con lo que somos,y que a menudo,en esa batalla que libramos en el dia a dia,nos ayuda a no perder el norte Deternos de vez en cuando, ante tanta vorágine para escribir mensajes en una botella nos hace un poco más libres de tanta realidad.
    Me alegro que a tí también te ayude hacerlo y sigas creciendo como persona, que seas intérprete de lo humano. Escasean las personas que entiendan el idioma de escuchar,entender y ser escuchados.
    Confio yo también,recorriendo esta playa,a veces desierta,encontrar a menudo esos mensajes que nos mandas,y que llegan a nuestras orillas.
    Muchos besitos,Rocío

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  2. Las cartas al aire se suelen escribir para uno mismo. Pero es precisamente por eso que conectan con los demás. Las cartas anónimas son para nadie y para todos. Cada uno después las vuelca hacia adentro en función de sus creencias, sus deseos, sus inquietudes. De manera que si te ha servido para re-encontrarte, genial. Yo me la escribí como catarsis para cerrar una puerta y abrir la siguiente. Confío en poder tener noticias tuyas a menudo por aquí. Muchos besos fuertes, Carlos.

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  3. Me ha llegado tu carta,la que era para mí,pero que en ningún caso puede herir mis sentimientos porque como todas las que escribes está llena de verdad y de cariño.
    Que reconfortante es saber que en este pequeño rincón del mundo siempre encontrarás esperanzas e ilusiones tildadas de trocitos de realidad y viceversa.
    Que al igual que hacias en la radio,pinchándonos esas canciones o en tus cuñas,que nos salpicaban de positividad,me emociona leerte siempre un “ser felices”,”alegría”,”vulnerable”,”querer”,”miedo”… y un sin fin más destinadas a sentir, a degustar la vida de otra manera.
    Gracias por todos esos complejos caminos que has tenido que recorrer, para llegar a ser la valiente,maravillosa y especial persona que eres. Siempre tendrás un huequito reservado en nuestros corazones.
    Un besito. MUAKIS!!!!

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